«Las preguntas son el motor del pensamiento creativo» José Eldelstein. Físico teórico Igfae. Universidad de Santiago de Compostela (argentino reside en Galicia)

Sendo el error el objeto central de la ciencia –más representativo que el acierto, aunque sea por una cuestión de abundancia–, es imprescindible hablar de él sin remordimientos ni complejos. 

Quizás de ese modo sea más la gente que comprenda el valor de un acierto científico, en nada parecido a una flecha que circunstancialmente dio en la diana.

La columna vertebral de la ciencia está mucho más en las preguntas –vigas estructurales e imperecederas– que en las respuestas –coyunturales tabiques que pueden remplazarse–. Las preguntas son el motor del pensamiento creativo.

Es tal el culto al error que tenemos en la ciencia que cuando creemos haber arribado a un acierto, por muy pequeño que este sea e independientemente del nivel de euforia alcanzado, el primer pensamiento que nos asalta es más o menos el siguiente: ¿qué debería ocurrir para demostrar que estoy equivocado? Esa pregunta esconde tanto la sospecha de que, de un modo u otro, el oasis al que acabamos de llegar es un espejismo pasajero, como la velada intención de reemprender el camino.

Terraplanistas y antivacunas viven embrutecidos por la convicción de haber abrazado «la verdad», de haber llegado a destino. No conciben siquiera formularse la antedicha pregunta. Su modo de equivocarse es estéril y permanente: igual hoy que mañana. Clausura todas las preguntas. Su argumentación es inmune a cualquier evidencia porque, sencillamente, han cerrado los portones de su ciudadela –un edificio endeble, carente de vigas, estructuralmente condenado al colapso–, y no hay nada que pueda demostrarles que viven en el error. Es demasiado fácil constatar la vitalidad de la ciencia y, en contraste, el inmovilismo baldío de la anticiencia.

«Sin ciencia la democracia es imposible», escribió Bertrand Russell hace casi un siglo. Imagino que pensó en que, bajo la premisa de que los seres humanos somos proclives al error, nada mejor que una estructura de pensamiento que nos permita darnos cuenta de ello. Una sociedad integrada por ciudadanos incapaces de identificar sus propios errores está condenada. La ciencia no es una cuestión de verdad o poder. Sólo se trata de la mejor opción entre todos los modos de equivocarse.


  • Esta nota fue publicada en pagina 12 (18-08-21) con el título Modos de equivocarse. (se reproduce extractada).