Qué sabe usted sobre el genocidio de Dresden Jacques R. Pauwles. Historiador canadiense.(*)

Los enigmas bélicos y políticos tras los que se oculta el mayor bombardeo de la historia conocido hasta entonces. Hace 76 años la ciudad alemana de Dresde fue brutal y desproporcionadamente bombardeada por más de 1000 aviones pertenecientes a las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses.

Dresde no era un enclave militar de primera importancia, sin embargo en esa ciudad tuvo lugar el bombardeo más devastador conocido hasta entonces por la historia militar. ¿Qué razones ocultas lo provocaron? ¿Por qué el bombardeo de Dresde es apenas conocido en occidente, pese a haber sido las fuerzas aéreas occidentales las que lo protagonizaron?

Se cumplieron 76 años desde que la sociedad alemana de Dresde sufriera el más devastador bombardeo conocido en la historia del hombre hasta entonces. En efecto, en la noche del 13 al 14 de febrero de 1945 la antigua y hermosa capital de Sajonia, fue atacada tres veces. Dos de esos ataques estuvieron protagonizados por aviones británicos de la RAF. El tercero corrió a cargo las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, en una operación aérea en la que participaron más de 1.000 bombarderos.

 

Sin embargo, lo que más llamó la atención entonces, y sigue haciéndolo ahora, era que Dresde no constituía centro industrial o militar importante y que, por tanto, no era un objetivo militar que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso aquel ataque.

Además, a principios de 1945 los comandantes aliados eran perfectamente conocedores del hecho de que ni siquiera el bombardeo aéreo más feroz lograría ‘aterrorizar hasta rendirse» a los alemanes. Y que, por lo tanto, no resultaba realista pensar que quienes planearon aquella macro operación aérea lo hicieran movidos por ese objetivo.

El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre carente de sentido, y se presenta aspectos mucho más inhumanos, incluso, que la devastación atómica de Hiroshima y Nagasaki que, por lo menos Se podría imaginar que arrastrarían a Japón a la capitulación .

LAS JUSTIFICACIONES DE LOS HISTORIADORES REVISIONISTAS

No obstante, este brutal ataque aéreo sobre la ciudad de Dresde ha contado con las bendiciones de algunos historiadores. Tal es el caso del [Img #67666]
británico Frederick Taylor, que ha argumentado que entre quienes planearon aquel devastador ataque no existía la intención de provocar en aquella gran ciudad una destrucción de aquella envergadura, sino que por el contrario, la hecatombe fue el » imprevisto resultado» de una desafortunada combinación de circunstancias, incluyendo unas condiciones climatológicas perfectas y un sistema de defensa antiaéreas alemana inadecuado .

Sin embargo, la afirmación del historiador Taylor la contradice un hecho que él mismo cita en su libro. En concreto que aproximadamente 40 aviones «pesados» estadounidenses se desviaron de su ruta de vuelo y acabaron arrojando sus bombas en Praga en vez de en Dresde.

En realidad, lo que está queriendo decir es que si todo hubiera ocurrido tal y como se había planeado, la destrucción de Dresde hubiera resultado aún mayor de lo que terminó siendo. Más grave es la insistencia del mismo Taylor en el sentido de que Dresde constituía un objetivo legítimo, ya que no sólo era un importante centro militar, sino también un punto de cruce de primera categoría del tráfico por ferrocarril, así como una importante ciudad industrial, en la existía una gran cantidad de fábricas y talleres que producían todo tipo de equipamiento fundamental desde el punto de vista militar.

Sin embargo la verdad es que la gran mayoría de las industrias militarmente importantes que había en Dresde no Estaban ubicadas en el centro urbano, sino en la periferia, donde precisamente no se arrojaron bombas, al menos deliberadamente . No se puede negar que Dresde, como cualquier otra ciudad alemana importante, contenía instalaciones militarmente importantes, y que al menos unas pocas, estaban situadas en el centro de la ciudad y, por lo tanto, fueron destruidas en el ataque. Pero esto no puede llevar, lógicamente, a la conclusión de que el ataque se planeara con este propósito. La destrucción de la industria de Dresde, así como la liberación de unos cuantos judíos, sólo fue una consecuencia secundaria de la operación, que no se encontraba en la médula del planeamiento. Con la misma frecuencia se sugiere, Taylor también lo hace, que el objetivo del bombardeo de la capital sajona era facilitar el avance del Ejército Rojo.

Según estas argumentaciones, supuestamente habían sido los propios soviéticos los que habían pedido a sus socios occidentales durante la Conferencia de Yalta, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, que debilitaran la resistencia alemana en el frente oriental por medio de ataques aéreos. La posibilidad de ataques aéreos anglo-estadounidenses sobre objetivos del este de Alemania sí se discutió en Yalta, pero en el curso de estas conversaciones, los soviéticos expresaron su preocupación de que sus propias líneas estaban siendo atacadas por los bombarderos occidentales, por lo que pidieron que la RAF y la USAAF que no operaran demasiado hacia el este .

Fue en este mismo contexto en el que un general soviético, llamado Antonov, expresó el interés del Ejército Rojo de que «ataques aéreos tratarán de impedir los movimientos del enemigo», pero esto no se podía interpretar como una petición de descargar sobre la capital sajona, ni tampoco sobre a cualquier otra ciudad alemana, el tipo de tratamiento recibido por Dresde entre el 13-14 de febrero. Ni en la Conferencia de Yalta, ni en ninguna otra ocasión, los soviéticos solicitaron a sus aliados occidentales el tipo de ayuda aérea que supuestamente se materializara en una devastación como la de Dresde.

Es más, nunca dieron su aprobación al plan de bombardear Dresde, como frecuentemente fuentes de la historiografía occidental suele mantener con propósitos obvios. En cualquier caso, aun cuando los soviéticos hubieran pedido esa ayuda desde el aire, es extremadamente poco probable que sus Aliados occidentales hubieran respondido lanzando de manera fulminante la potente flota de bombarderos, como de hecho sucedió en Dresde.

LAS RAZONES POLITICAS DE UNA DEVASTACION

Mientras tanto, en el frente oriental el Ejército Rojo había lanzado una importante ofensiva el 12 de enero y avanzaba rápidamente a 100 kilómetros de la capital alemana. La probabilidad de que los soviéticos no sólo tomaran Berlín , sino que penetraran profundamente en la mitad occidental de Alemania antes de que acabara la guerra, traía enormemente preocupados a muchos dirigentes militares y políticos estadounidenses y británicos.

Aunque Stalin hubiera solicitado la ayuda anglo-estadounidense, ni Churchill y Roosevelt se la habrían proporcionado, aunque esta fuera meramente simbólica. Pero, desde luego, lo que nunca habrían hecho Estados Unidos e Inglaterra era ejecutar una operación masiva y sin precedentes, combinada entre la RAF y la USAAF, como resultó ser el bombardeo de Dresde. Es más, atacar Dresde significaba enviar cientos de grandes bombarderos a más de 2.000 kilómetros a través del espacio aéreo enemigo, acercarse tanto a las líneas del Ejército Rojo que podría correr el riesgo de arrojar, por error, sus bombas sobre los soviéticos, o de ser atacados por el fuego de la artillería antiaérea de estos.

Los dirigentes políticos y militares estadounidenses y británicos, sin lugar a dudas, opinaban que el Ejército Rojo ya estaba avanzando bastante deprisa. Si estos acuerdos no existían, las realidades militares sobre el terreno determinarían quién iba a controlar qué partes de Alemania. Y parecía que para cuando los nazis capitularan finalmente, los soviéticos iba a controlar la mayor parte de Alemania, con lo que podrían determinar unilateralmente su futuro político, social y económico .

Contrariamente a extendida creencia convencional sobre las concesiones occidentales en la Conferencia de Yalta, Stalin mostró ser considerablemente más complaciente de lo que los líderes occidentales esperaban, y accedió a las fórmulas propuestas por los británicos y estadounidenses, que resultaban extremadamente ventajosas para sus intereses. Es decir, la división de la Alemania de posguerra en zonas ocupadas, de las que sólo aproximadamente una tercera parte del territorio alemán sería asignada a los soviéticos. Durante las semanas anteriores a la Conferencia, los líderes occidentales esperaban que el dirigente soviético iba a ser un interlocutor exigente y difícil tratamiento, animado por los recientes éxitos del Ejército Rojo y por el hecho de que se encontraba en condiciones ventajosas en el tablero de juego, en relación con sus aliados occidentales.

Resulta preciso puntualizar que el Ejército Rojo disponía de enormes masas de soldados de infantería, de excelentes tanques y de una artillería formidable. Pero los aliados occidentales tenían en sus manos una baza militar de primer orden, que los soviéticos eran incapaces de igualar. Fue Winston Churchill quien teniendo en cuenta este factor, decidió que la destrucción total de la ciudad alemana se produjera ante las mismas las narices de los soviéticos, enviando con ello un clarísimo mensaje los dirigentes del Kremlin.

Durante cierto tiempo la RAF y la USAAF han sido capaces de infligir devastadores a cualquier ciudad alemana y prepararon meticulosamente detallados planes para esta operación aérea conocida como «Operación Trueno». Sin embargo, durante el verano de 1944, cuando el rápido avance desde Normandia hizo probable que la guerra se ganara antes de fin de año y ya se empezaba a pensar en la reconstrucción de posguerra, una operación al estilo de la «Operación Trueno» sobre Dresde, tenía la evidente intención de intimidar a los soviéticos.

DRESDE O EL INICIO DE LA «GUERRA FRIA»

A principios de 1945, desde el punto de vista militar no se podía considerar necesaria la ejecución de la «Operación Trueno» para derrotar a Alemania. El historiador militar británico, Alexander McKee, ha escrito que con ella Winston Churchill «trató de escribir lección en el cielo nocturno» destinada exclusivamente a los soviéticos».

Puesto que la USAAF estadounidense acabó implicándose también en el bombardeo de Dresde, podemos asumir que Churchill actuó con el conocimiento previo y la aprobación de Roosevelt. La participación estadounidense en el ataque sobre Dresde no era necesaria porque sin lugar a dudas, la RAF era capaz de borrar del mapa la ciudad de Dresde actuando en solitario. Pero el efecto de «exageración» resultó de una redundante contribución estadounidense era perfectamente funcional para el propósito de demostrar a los soviéticos lo letal que era el poderío aéreo anglo-estadounidense. La «Operación Trueno» sobre Dresde tuvo lugar, pues, más con la intención de intimidar a los soviéticos, que con el propósito de acelerar la derrota alemana.

Utilizando la terminología de la escuela de sociología estadounidense del «análisis funcional», golpear a los alemanes lo más duramente posible era la «función manifiesta» de la operación. Mientras que intimidar a los soviéticos constituia la función «latente» u «oculta» que consideraban más importante. Pero los soviéticos, que hasta ese momento habían realizado la mayor contribución en la guerra contra la Alemania nazi, y que por esa razón no sólo fue el país que sufrió mayores pérdidas, sino que también el que tuvo los éxitos más espectaculares, por ejemplo, en Stalingrado, gozaban de muchas simpatías entre el personal militar de baja graduación estadounidense y británico, incluidas las tripulaciones de los bombarderos. Muy probablemente estos soldados hubieran desaprobado un plan que intentara intimidar a los aliados soviéticos y, sobre todo, cuando se trataba de un plan en el que ellos mismos iban a ser sus ejecutores

En otras palabras, como no se podía hacer pública la atroz función latente de la operación, había que inventarse una función manifiesta que no fuera necesario esconder. La mayoría de los comandantes occidentales pusieron el enfasis en los objetivos militares y citaron «blancos militares» indefinidos, hipotéticas «fábricas vitales de munición» y «depósitos de armas y suministros», el supuesto papel de Dresde como «ciudad fortificada» e, incluso, la existencia en la ciudad de algún «cuartel general del ejército alemán».

Las autoridades anglosajonas trastocaron el orden de su argumentación con objeto de sosegar la inquietud pública que podia suscitar, explicando que la devastadora operación aérea tenía como objetivo realizar un esfuerzo para facilitar el avance del Ejército Rojo.

Sucedía, además, que los comandantes británicos y estadounidenses esperaban que los soviéticos llegaran a la capital sajona en unos pocos días, por lo que podrían contemplar con terror y sus propios ojos lo que la RAF y la USAAF era capaces de hacer en una sola operación aérea.

Aunque el Ejército Rojo entró en Dresde mucho después de lo que los británicos y estadounidenses esperaban, es decir, el 8 de mayo de 1945, la destrucción de la capital sajona tuvo el efecto deseado. Las líneas soviéticas estaban situadas sólo a unos doscientos kilómetros de la ciudad de modo que los hombres del Ejército Rojo pudieron ver el resplandor del «infierno de Dresde» en el horizonte nocturno.

Paradójicamente, desde espeluznante calor emitido por los infiernos de Dresde, Hiroshima y Nagasaki, iba a nacer la ‘Guerra Fría» que «estallaría» poco después.