Alemania nazi y su legislación antisemita. 1933-1939 Archivos Gracus *

Gráfico publicado por el gobierno nazi en 1935, explicando los esquemas familiares que determinaban la limpieza de sangre.

El antisemitismo y la persecución de judíos fueron principios centrales de la ideología nazi. En el programa de 25 puntos del Partido publicado en 1920, los miembros del Partido Nazi declaraban públicamente su intención de segregar a los judíos de la sociedad “aria” y de abolir sus derechos políticos, jurídicos y civiles.

Los líderes nazis comenzaron a cumplir su promesa de perseguir a los judíos alemanes poco después de su llegada al poder. Durante los primeros seis años de la dictadura de Hitler, desde 1933 hasta el inicio de la guerra en 1939, los judíos sintieron los efectos de más de 400 decretos y normas que restringían todos los aspectos de sus vidas públicas y privadas. Muchos de ellos eran leyes nacionales que habían sido promulgadas por la administración alemana y que afectaban a todos los judíos. Sin embargo, también los funcionarios estatales, regionales y municipales promulgaron por iniciativa propia un aluvión de decretos de exclusión en sus propias comunidades. Por ello, cientos de individuos de todos los niveles del gobierno de todo el país estuvieron involucrados en la persecución de judíos, pues concibieron, debatieron, redactaron, adoptaron, impusieron y respaldaron leyes contra los judíos. Ningún rincón de Alemania quedó indemne.

El papel de la policía durante el nazismo como brazo ejecutor de los planes de exterminio de Adolf Hitler.

La primera ley importante para restringir los derechos de los ciudadanos judíos fue la Ley para la Restauración del Funcionariado Público Profesional del 7 de abril de 1933, que excluía de la función pública a los judíos y a las personas “políticamente poco fiables”. La nueva ley fue la primera formulación de las autoridades alemanas del llamado “párrafo sobre la raza aria”, una norma que excluía a los judíos (y a menudo, por extensión, a otros “no arios”) de organizaciones, profesiones y otros aspectos de la vida pública. Esto se convertiría en la base de las Leyes Raciales de Núremberg de 1935, las cuales definían a los judíos no por sus creencias religiosas, sino por su linaje ancestral, y formalizaban su segregación de la llamada “población aria”.

En abril de 1933, la legislación alemana restringió la cantidad de estudiantes judíos en las escuelas y universidades alemanas. En el mismo mes, más legislaciones restringieron drásticamente la “actividad judía” en las profesiones de la medicina y del derecho. Decretos subsiguientes restringieron el reembolso a los médicos judíos de los fondos de seguro médico público (estatal). La ciudad de Berlín prohibió a los abogados y notarios judíos trabajar en asuntos jurídicos, el alcalde de Múnich prohibió a los médicos judíos atender a pacientes que no fueran judíos y el Ministerio del Interior bávaro negó el ingreso a los estudiantes judíos a la facultad de medicina.

En el ámbito nacional, el gobierno nazi revocó las licencias de los asesores impositivos judíos, impuso un cupo del 1,5 % en la admisión de estudiantes “no arios” a las escuelas y universidades públicas, despidió a los empleados civiles judíos del ejército y, a principios de 1934, prohibió que los actores judíos interpretaran papeles en el teatro o el cine. Los gobiernos locales también emitieron normas que afectaron otras esferas de la vida judía: en Sajonia, los judíos no podían matar animales según los requisitos de la pureza ritual, lo cual de hecho les impedía obedecer las leyes dietéticas judías.

Gráfico publicado por el gobierno nazi en 1935, explicando los esquemas familiares que determinaban la limpieza de sangre. (en el título de la nota, el original en alemán)

Los organismos gubernamentales de todos los niveles querían excluir a los judíos de la esfera económica alemana, para lo cual les impedían que se ganaran la vida. Se exigió a los judíos que registraran sus propiedades y bienes locales y extranjeros, un preludio de la expropiación gradual de sus patrimonios llevada a cabo por el Estado. Asimismo, las autoridades alemanas intentaron “arianizar” a todos los negocios de propiedad judía, un proceso que implicaba el despido de los empleados y gerentes judíos, y también la transferencia de las compañías y empresas a alemanes no judíos, quienes las compraron a precios oficialmente fijados muy por debajo de su valor de mercado. Para la primavera de 1939, dichos esfuerzos lograron que la mayoría de los negocios de propiedad judía en Alemania pasaran a manos “arias”.

Las Leyes Raciales de Núremberg formaron la piedra angular de la política racial nazi. Su introducción en septiembre de 1935 anunció una nueva ola de legislación antisemita que provocó una segregación inmediata y concreta. Los jueces de los tribunales alemanes no podían citar comentarios ni opiniones jurídicos escritos por autores judíos, los oficiales judíos fueron expulsados del ejército y a los estudiantes universitarios judíos no se les permitió tomar exámenes doctorales.

En 1937 y 1938, las autoridades alemanas volvieron a intensificar la persecución legislativa de los alemanes judíos. Se propusieron empobrecer a los judíos y eliminarlos de la economía alemana, para lo cual les exigían que registraran sus propiedades y les impedían ganarse la vida. Los Nazis prohibieron que los médicos judíos trataran a pacientes no judíos y revocaron la licencia de los abogados judíos. En agosto de 1938, las autoridades alemanas decretaron que, el 1 de enero de 1939, los hombres y las mujeres judíos que tuvieran nombre de origen “no judío” debían agregar a sus nombres “Israel” o “Sara”, respectivamente. Se exigía a todos los judíos que llevaran identificaciones que indicaran su origen judío y, en el otoño de 1938, se sellaron todos los pasaportes judíos con la letra identificadora “J”.

Tras el pogromo de la Kristallnacht (comúnmente conocido como la “Noche de los cristales rotos”) del 9 y 10 de noviembre de 1938, la legislación nazi prohibió a los judíos el acceso a todas las escuelas y universidades públicas, y también a cines, teatros e instalaciones deportivas. En muchas ciudades, se prohibió a los judíos el ingreso a zonas designadas “arias”. El Gobierno exigió a los judíos que se identificaran de maneras que los separarían permanentemente del resto de la población. Mientras los líderes nazis apuraban las preparaciones de la guerra de conquista europea, la legislación antisemita que promulgaron en Alemania y Austria allanó el camino para una persecución más radical de los judíos.


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