EEUU: crisis de hegemonía, crisis del dolar Editorial de la revista TESIS 11 (Buenos Aires)

Históricamente, los países que han impuesto su hegemonía también han impuesto sus monedas locales como moneda internacional. Este ha sido también el caso de los EEUU, que sobre el final de la segunda guerra mundial, con los acuerdos de Bretton Woods de 1944, ante la destrucción generalizada en Europa y Asia, lograron que el dólar fuera aceptado como moneda internacional, aunque con el compromiso de EEUU de mantener convertibilidad del dólar en oro, para lo cual debían tener reservas de oro en proporción a los dólares emitidos.

Esto otorgó, de por sí, una extraordinaria ventaja a los EEUU, sobre todo porque no cumplieron con su obligación en cuanto a las reservas de oro, financiando sus cuantiosos déficits fiscales y comerciales, sus exportaciones de capitales y sus constantes guerras en el exterior, mediante la emisión de dólares sin contravalor en oro, haciéndole pagar al mundo tales cuestiones muy favorables para su propio crecimiento y hegemonía. Cuando resultó evidente que EEUU no podía cumplir con sus obligaciones de eventualmente suministrar oro por dólares, el gobierno de Nixon, en 1971, decidió unilateralmente declarar la inconvertibilidad del dólar en oro, formalizando así una monumental estafa al resto del mundo.
Sin embargo, a pesar de lo sucedido, EEUUhcj encontró la manera de mantener al dólar como moneda internacional, mediante los acuerdos que logró con Arabia Saudita, en 1973, consistente en que este país vendiera sus hidrocarburos solo en dólares (los denominados “petrodólares”) a cambio de defender a su régimen político monárquico de la ola de revoluciones laicas y de orientación socialista que se venía produciendo desde 1952 en esa zona (Egipto, Irak, Libia, Siria y otros). Esto obligaba a los países que necesitaban comprar petróleo y gas a Arabia Saudita, y a otros regímenes monárquicos de medio oriente, a procurarse dólares para poder hacerlo.
En el período de la guerra fría, el dólar no se vio amenazado como moneda internacional, principalmente porque la Unión Soviética, rival sistémico de los EEUU, nunca logró el objetivo fundamental que justifica el reemplazo del capitalismo por el socialismo, que es que, si el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones de producción capitalistas, las relaciones de producción socialistas lo liberarían, con lo cual la productividad del trabajo aumentaría significativamente más rápido que en el capitalismo. Asunto este que está en la base misma de la caída del sistema socialista de Europa del este.
Pero, resulta que en las últimas décadas, China, país que también se reclama del socialismo, donde lo social predomina sobre lo privado, donde es el Estado y no las empresas privadas quien impone las condiciones de funcionamiento del mercado, y donde la economía se encuadra en un sistema de planificación central, con ese sistema ha venido desarrollando notablemente la productividad del trabajo, incluyendo una permanente elevación de la educación, un acelerado impulso a la ciencia y la tecnología y una extraordinaria inversión en infraestructura logística. Si la tendencia actual se mantiene, China pasaría a ser el país con mayor productividad del trabajo y la principal potencia económica del mundo.
Esto hace que las exportaciones Chinas sean cada vez más competitivas, lo que sumado a una política de ofrecimiento de financiación de obras de infraestructura a otros países, sin imponerles condiciones en cuanto a sus políticas internas, este país ha ido ganando en presencia económica en todas las regiones del mundo, incluyendo a América Latina, y particularmente a la Argentina, desalojando así gradualmente a EEuU y sus aliados.
Entre otras cosas, el resultado de lo anterior es que el yuan se utiliza cada vez más en las transacciones internacionales. A esto se suma que China, país que inventó el papel moneda en el siglo siete, desde el 2014 ha instaurado el yuan digital, con intenciones no solo de utilizarlo masivamente en ese país, sino de generalizar su utilización internacional, como mínimo en las transacciones con China, pero no exclusivamente. El gran crecimiento de China hace prever una creciente utilización del yuan como moneda internacional.
La ascendente importancia económica de China en el mundo, ha provocado asimismo que, por ser ya comprador de un 25% de las exportaciones de hidrocarburos de Arabia Saudita, negocia con este país poder pagarle en yuanes, en lugar de dólares, lo que de concretarse socavaría gravemente la base misma que sostiene al dólar como moneda internacional dominante.
Otra ventaja que ha tenido EEUU por tener al dólar como moneda internacional, es que las transacciones internacionales con esa moneda están reguladas por el sistema SWIFT, que está supervisado por los bancos centrales de EEUU y sus aliados europeos, lo que le ha permitido a EEUU utilizarlo para la aplicación de sanciones a diversos países, como Irán, Cuba, Venezuela y ahora Rusia, prohibiendo que se concreten transacciones en dólares que conciernan a esos países. Esto ha contribuido a que países como China y Rusia crearan sus propios sistemas de regulación de las transacciones internacionales en sus propias monedas, el CIPS de China y el SPFS de Rusia, lo que contrarresta las posibilidades de EEUU de usar el SWIFT para controlar transacciones y concretar las sanciones que aplica.
A su vez, la aparición y desarrollo de las criptomonedas, que permiten transacciones sin pasar por los bancos centrales, ni por los sistemas regulatorios, como el SWIFT, ha posibilitado que países sancionados por EEUU utilicen, al menos en parte, esas monedas virtuales para sus transacciones internacionales, evitando así las sanciones.
En estas tendencias internacionales se estaba, cuando Rusia, jaqueada por el avance de la OTAN hacia sus fronteras y ante la intención de Ucrania de integrarse en la OTAN, decidió invadir ese país. Entre otras consecuencias, esto provocó la aplicación de sanciones de EEUU y sus aliados a Rusia, incluyendo la prohibición de que se le hagan pagos en dólares por el sistema SWIFT, con lo cual Rusia reaccionó exigiendo que se le paguen sus exportaciones en su propia moneda, el Rublo, amenazando, si eso no se cumple, con interrumpir las exportaciones de gas y petróleo a Europa, lo cual, a largo plazo, podría resultar en otro motivo del debilitamiento de la utilización del dólar como moneda internacional.
Por otro lado, el notable crecimiento de China, y otros países asiáticos, y el refortalecimiento de Rusia, han ido creando una situación de multilateralismo, que desplaza gradualmente el unilateralismo, basado en EEUU, que se desarrolló desde la desintegración de la Unión Soviética. Esto debilita la hegemonía de EEUU, en un contexto, además, en el que la fase neoliberal, generalizada en los países capitalistas, en un marco de crisis general del capitalismo, ha ido provocando crisis financieras, económicas y sobre todo sociales, lo cual demuestra el fracaso y lo perjudicial de esa vía para los sectores populares mayoritarios de todos los países capitalistas.
En este contexto mundial, nuestro país, sumido actualmente en una crisis generada principalmente por la aplicación de políticas neoliberales por el gobierno de Macri, tiene objetivo interés en llevar una política exterior independiente, no alineada con ninguna potencia, aprovechando el multilateralismo, e impulsando la integración latinoamericana, condiciones muy importantes para la aplicación de políticas nacionales alternativas al neoliberalismo, basadas en el interés nacional y el de los sectores populares. Esto supone asimismo el interés en utilizar diversas monedas para las transacciones internacionales, evitando la limitante dominación del dólar, utilizando así positivamente el multilateralismo y la tendencia a la decadencia de esta moneda en el plano mundial.
La decadencia del dólar a nivel mundial es, dialécticamente, consecuencia y causa de la decadencia de la hegemonía mundial de los EEUU.