461. El camino chino de la innovación Matt Sheehan*. Escritor y ensaysta (EEUU) / (FOREINGS AFFAIRS)**

En varios artículos publicados en este portal , algunos insinuaban que China como una nación “comunista” era incapaz de lograr una innovación revolucionaria, otros advertían sus avances y algunos ya admitían su ventaja. Incluso hay una creencia occidental de que el autoritarismo y la planificación central de un régimen como el de China, son enemigos naturales del progreso.

Muchos aún creen que el avance tecnológico requiere de una sociedad democrática del mercado libre. Se han equivocado por completo y de una manera descomunal que ahora, hasta los propios voceros de la Cábala Anglosajona que dirige el ya decadente Sistema Mundo Occidental lo admiten y explican cómo China ha dado un salto cuántico en la revolución tecnológica.
Durante décadas, muchos estadounidenses se burlaron de China como una nación de imitadores incapaces de la creatividad, y mucho menos de lograr una innovación revolucionaria. Se pensaba que el autoritarismo y la planificación central eran enemigos naturales de las ideas nuevas. Muchos en los Estados Unidos creían que el rápido avance tecnológico requería el tipo de pensamiento intrépido y “perturbador” que suele sentirse más cómodo en una sociedad democrática y libre. Se equivocaron por completo.
En los últimos años, sin embargo, la narrativa ha cambiado y cualquier complacencia sobre la superioridad tecnológica de Estados Unidos se ha evaporado en la nada. Las columnas de negocios que explicaban la aparente incapacidad de China para innovar, han dado paso a artículos de opinión que advierten que el gigante asiático está a punto de superar a Estados Unidos en tecnologías estratégicas como la inteligencia artificial y el 5G (Nota del traductor: En realidad ya las han superado en esos dos campos).
Los formuladores de políticas en Washington, que durante mucho tiempo se contentaron con dejar la tecnología en manos de Silicon Valley, ahora se apresuran a encontrar formas de reforzar las capacidades tecnológicas de EE.UU. y contrarrestar el progreso chino. Pero hacer una política tecnológica efectiva requiere una comprensión clara de cómo ambos países llegaron a este momentum (Nota del traductor: Donde para algunos China ya tiene la ventaja) y qué significa eso en el futuro.
Las explicaciones tradicionales del ascenso de China se han centrado en gran medida en el robo de la propiedad intelectual. Aunque eso verdad en cierto grado, permitiendo que los fabricantes chinos produzcan imitaciones de productos específicos, es demasiado simplista imaginar que el robo de propiedad intelectual, por sí solo, explica el rápido progreso de China.
De hecho, ese concepto erróneo ha engañado a los políticos estadounidenses, haciéndoles creer que todo lo que se requiere para preservar la ventaja tecnológica de Estados Unidos es cortar el acceso de China a las tecnologías emergentes. Las raíces del despegue de la tecnología de China son más complejos, y la formulación de una respuesta política estadounidense efectiva requiere una comprensión sólida de las tecnologías emergentes y un grado de empatía proyectiva: comprender cómo es probable que un ambicioso burócrata chino use una gama de herramientas disponibles para fomentar la innovación.
“La innovación es vista en China como un proceso social y económico, que puede guiarse y acelerarse con la combinación correcta de recursos físicos y resolución burocrática”.

Intervención del Estado
Cualquier innovación individual china es el producto del pensamiento creativo de tecnólogos que trabajan arduamente. A nivel micro, estos procesos innovadores se ven muy similares en China que en cualquier otro lugar. Pero explicar el ascenso tecnológico de China a nivel macro requiere comprender los pasos que tomó el gobierno chino, para fomentar el desarrollo de uno de los ecosistemas de innovación más dinámicos del mundo.
Desde una perspectiva china, la innovación no es un esfuerzo delicado o misterioso que solo lo pueden lograr personas especiales, y ciertamente no es algo que deba protegerse de la intromisión del gobierno. En cambio, la innovación es vista como un proceso social y económico, que puede guiarse y acelerarse con la combinación correcta de recursos físicos y resolución burocrática.
Aunque el enfoque de China contradice las suposiciones profundamente arraigadas de Silicon Valley sobre la necesidad de mercados libres y la libertad de expresión, ha producido más avances tecnológicos y éxitos comerciales de lo que la mayoría de los expertos estadounidenses creía posible. En China, ese proceso ha implicado tres pasos cruciales.

Los tres pasos cruciales
El primer paso en ese proceso, que tuvo lugar entre el 2000 y 2010, fue que China creara un gran mercado semiprotegido. Fomentar un ecosistema de innovación naciente requería que los mercados fueran lo suficientemente lucrativos como para impulsar la competencia feroz, pero también requería cierto grado de protección para que los gigantes establecidos de Silicon Valley no entraran y aplastaran a las nuevas empresas locales antes de que pudieran despegar.
China logró este equilibrio al combinar décadas de crecimiento económico vertiginoso (desde los 1990’s) con la creación de la Gran Muralla, que bloquea el acceso a las principales plataformas extranjeras en línea como Facebook y Google. La perspectiva de ganar el mercado interno masivo de China atrajo grandes inversiones de capital del extranjero y fomentó una competencia feroz.
“El gran tamaño del mercado de China mantuvo a las empresas tecnológicas extranjeras en su mejor comportamiento al interactuar con el gobierno chino”.
Pero es crucial entender que la Gran Muralla nunca fue sólida como una roca. Durante la mayor parte de las últimas dos décadas, la muralla siempre se mantuvo algo poroso, aislando el mercado chino de la competencia extranjera pero nunca aislándolo totalmente de las nuevas ideas. Google, Facebook y Twitter compitieron en China durante años antes de ser bloqueados. Las plataformas de consumo menos sensibles políticamente, como Airbnb, Uber, Amazon y LinkedIn, nunca se bloquearon por completo; en cambio, fueron derrotados por nuevas empresas locales rudimentarias.
La naturaleza porosa de la Gran Muralla permitió a los empresarios, ingenieros y científicos chinos mantenerse al día con las principales tendencias y productos tecnológicos sin permitir que esos productos dominaran el mercado chino. Al mismo tiempo, el gran tamaño del mercado de China mantuvo a las empresas tecnológicas extranjeras en su mejor comportamiento al interactuar con el gobierno chino.

La colaboración China-EE.UU.
Esas relaciones fueron parte integral del segundo y más controvertido paso del proceso. Durante décadas, China ha mantenido vínculos científicos y comerciales con las principales empresas, universidades y laboratorios occidentales, especialmente con los estadounidenses (Nota del traductor: Estás relaciones, incluso, ya estaban en marcha desde los 1980’s). Estos van desde profesores de universidades estadounidenses que colaboran con colegas chinos en investigación pública de IA hasta capitalistas de riesgo chinos que invierten en nuevas empresas de Silicon Valley.
Los críticos tienden a ver estos lazos como un vector para el robo de propiedad intelectual, un pie en la puerta que ha permitido a los espías chinos robar las “joyas de la corona de la innovación estadounidense”, como lo expresó un informe del Pentágono de 2018. El espionaje industrial y científico ha sido un problema importante, pero el mayor impacto de estos lazos transpacíficos no provino del robo, sino del aprendizaje.
“El gobierno chino también desempeñó un papel importante en el acompañamiento de estas relaciones. Impulsó una mayor colaboración académica y plantó la zanahoria del acceso al mercado a las empresas tecnológicas estadounidenses, alentándolas a abrir centros de investigación en China”.
Alrededor de 2008, los ingenieros chinos que habían trabajado en Google comenzaron a regresar a China para fundar sus propias nuevas empresas, trayendo consigo parte de la cultura de Silicon Valley. Los investigadores de las universidades chinas comenzaron a colaborar más con sus pares en el extranjero, lo que los expuso a nuevos enfoques. Las empresas tecnológicas chinas estudiaron a sus competidores en los Estados Unidos y Europa, incorporando las últimas tendencias tecnológicas y adaptándolas al contexto chino.
La mayoría de estas interacciones fueron de abajo hacia arriba, impulsadas por tecnólogos en ambos países que querían trabajar y aprender unos de otros. Pero el gobierno chino también desempeñó un papel importante en el acompañamiento de estas relaciones. Impulsó una mayor colaboración académica y plantó la zanahoria del acceso al mercado a las empresas tecnológicas estadounidenses, alentándolas a abrir centros de investigación en China.
Una vez que se dieron las condiciones del mercado y las conexiones internacionales, China dio el tercer paso, liberando una ola de recursos: capital de inversión, infraestructura física, ingenieros capacitados y energía burocrática. Desde un punto de vista estadounidense, esta inversión parecía un desperdicio e incluso contraproducente, ya que violaba el precepto sagrado de que los gobiernos nunca deberían elegir ganadores. Sin embargo, sobre el terreno en China, demostró ser un método eficaz para acelerar la difusión y comercialización de tecnología.

La meta ambiciosa de China: la IA
La iniciativa de la inteligencia artificial del gobierno chino del 2017, por ejemplo, estableció una meta ambiciosa: convertir a China en el principal centro de inteligencia artificial del mundo para el 2030. Pero su mayor impacto fue una ola de experimentación y actividad en la burocracia china y el sector privado. Los alcaldes construyeron nuevos aceleradores de startups de IA en sus ciudades. Los funcionarios agrícolas crearon programas piloto para drones de fertilizantes inteligentes. Los hospitales públicos se asociaron con universidades para crear institutos de investigación de IA médica. Y los departamentos de policía de todo el país gastaron muchísimo dinero en la compra de tecnología de vigilancia.
Considerados individualmente, muchos de estos proyectos parecían ridículamente derrochadores. Las incubadoras de empresas emergentes en pueblos atrasados a menudo permanecieron vacías durante años. Pero estos esfuerzos gubernamentales dispersos ayudaron a impulsar un auge de la IA en el sector privado, estimulando aún más la inversión en empresas y la formación de nuevas empresas. En el 2018, China representó casi la mitad de todos los fondos globales para nuevas empresas de IA, superando a Estados Unidos. Estos fondos permitieron a las empresas y científicos chinos experimentar con nuevos productos, características y enfoques, y aceleraron la adopción de IA en toda la economía.
“Ese éxito no fue todo el resultado de un plan maestro perfectamente ejecutado. En cambio, fue el producto de una pertinaz ideología, la planificación inteligente, mucho trabajo duro y un poco de buena suerte”.
Al construir y proteger sus mercados mientras aprendían de los ecosistemas de innovación global, China finalmente aceleró su propio desarrollo de tecnologías clave. Ese éxito no fue todo el resultado de un plan maestro perfectamente ejecutado. En cambio, fue el producto de la paranoia ideológica, la planificación inteligente, mucho trabajo duro y un poco de buena suerte.
China construyó originalmente la Gran Muralla para proteger su entorno de información altamente censurado y solo más tarde tropezó con los beneficios de la innovación. Aunque las intenciones de China fueron mixtas y, a veces, contradictorias, sus resultados finales superaron las expectativas de casi todos. (Nota del traductor: Tal vez Occidente olvido aquella pragmática frase del “Pequeño Timonel” Deng Xiao Ping: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”. Y es que China supo absorber los mejor del Capitalismo Tecnológico Occidental y adaptarlo a su Socialismo Industrial, como lo describe el economista estadounidense Michael Hudson.)

La excesiva reacción estadounidense
Durante los últimos cuatro años, Washington se ha centrado en cortar las conexiones de China con el ecosistema tecnológico estadounidense. Algunas de estas iniciativas han tenido un valor estratégico real, como los controles específicos que han impedido que China fabrique semiconductores de última generación. Pero muchos de estos esfuerzos han sido errores estratégicos que socavaron la innovación estadounidense y alimentaron el ascenso de China.
Los enjuiciamientos equivocados de científicos nacidos en China en las universidades estadounidenses, han causado escalofríos en la comunidad científica nacida en el extranjero y ha causado que algunas de sus mejores y más brillantes mentes regresen a China por miedo. Más fundamentalmente, la era en la que Estados Unidos podía detener el ascenso de China cerrándole simplemente el paso, ha quedado obsoleto.
Si Estados Unidos hubiera cortado los lazos tecnológicos con China en el 2005, podría haber ralentizado la innovación global y obstaculizado las propias capacidades de los Estados Unidos, pero probablemente habría perjudicado más a China. En ese momento, China no tenía un ecosistema tecnológico nacional autosostenible y ponerlo en marcha por sí solo habría llevado mucho más tiempo.
Actualmente, China ya tiene la mayor parte de los ingredientes básicos para el éxito tecnológico, y el corte fortuito de los lazos bilaterales probablemente sería contraproducente. En cambio, Estados Unidos debería tomar medidas específicas para mantener la dependencia china de la tecnología extranjera mientras continúa atrayendo e interactuando con innovadores chinos.
Para mantener esa dependencia, el mejor punto de apalancamiento son los semiconductores, específicamente el equipo de fabricación altamente especializado que solo son producidos por un puñado de aliados de EE.UU. Para atraer el talento chino, las universidades de Estados Unidos actúan como un poderoso imán para investigadores de alto nivel, pero se necesitan con urgencia reformas en el sistema de inmigración de Estados Unidos para mantener a esas personas en el país después de graduarse.
“Si Estados Unidos espera mantener su ventaja sobre China, el gobierno de EE.UU. debe estar dispuesto a experimentar con nuevas formas de incentivar el desarrollo tecnológico. Y está comenzando a reconocer que ya no puede permitirse simplemente financiar la investigación básica y dejar el resto en manos de los mercados”.
¿Puede Estados Unidos aprender algo de China cuando se trata de acelerar su propio ecosistema tecnológico? Los dos países tienen sistemas de gobierno tan drásticamente diferentes que simplemente copiar el modelo chino es imposible. Los tribunales bloquearon el intento del gobierno de Trump de bloquear las aplicaciones chinas WeChat y TikTok. Y los alcaldes de los Estados Unidos no comenzarán a crear repentinamente programas piloto para drones autónomos por orden del gobierno federal. Pero hay una lección más profunda que aprender.
Si Estados Unidos espera mantener su ventaja sobre China, el gobierno de EE.UU. debe estar dispuesto a experimentar con nuevas formas de incentivar el desarrollo tecnológico, incluso si algunos esfuerzos dan como resultado el desperdicio de fondos o fracasan por completo. Si cada proyecto fallido se convierte en una cachiporra partidista, la política de innovación se detendrá.La propuesta del Congreso de crear una “dirección de tecnología” en la Fundación Nacional de Ciencias, una nueva división facultada para conectar la academia, el gobierno y la industria para acelerar el despliegue de tecnología comercial, ofrece un comienzo prometedor para este tipo de experimentación.
Los recursos y el alcance de la dirección de tecnología han sido objeto de un intenso debate en el Congreso y se decidirán a medida que la Cámara y el Senado intenten reconciliar sus proyectos de ley en competencia en los próximos meses. La dirección propuesta está muy lejos del enfoque de “inundar la zona” de China para catalizar el desarrollo tecnológico. Pero su surgimiento sugiere que el gobierno de EE.UU. está comenzando a reconocer que ya no puede permitirse simplemente financiar la investigación básica y dejar el resto en manos de los mercados.
Ningún proyecto de ley o política innovadora será suficiente para garantizar que Estados Unidos mantenga su ventaja tecnológica (Nota del traductor: Si es que aún la tiene). Si la trayectoria de China les enseña algo a los líderes estadounidenses, es que estimular la innovación tecnológica puede ser un proceso desordenado, confuso y, a menudo, contradictorio. Dado lo que está en juego en esta competencia, Estados Unidos no puede permitir que ese desorden cause parálisis.


++Matt Sheehan es miembro del Carnegie Endowment for International Peace y autor de The Transpacific Experiment: How China and California Collaborate and Compete for our Future.