Irán ha alcanzado su «empoderamiento». ¿Qué elegirá Occidente? Elijah J. Magnier. Analista belga Medio Oriente y corresponsal en la zona.

Regreso definitivo el Ayatollah Jomeini el 11 de febrero 1979. Comienza la primkera etapa de la Revolución islámiiva

La República Islámica de Irán alcanzó el nivel de «empoderamiento» (Tamkeen) con la llegada de Ibrahim Raisi a la presidencia, la máxima autoridad ejecutiva de la pirámide en armonía con el líder supremo, el Wali al-Faqih Jamenei, y con la autoridad legislativa encabezada por el presidente del Consejo de la Shura, Muhammad Baqir Qalibaf.

La formación del trío armónico en el poder no tiene precedentes en la historia de la revolución islámica en Irán desde 1979: a esto hay que añadir la avanzada investigación y tecnología nuclear de Irán, su avanzado programa de misiles y sus capacidades militares, y las altas capacidades de sus aliados en Oriente Medio y Asia Occidental. Irán ha llegado a un momento de la historia en el que ofrece al mundo occidental dos opciones, ambas difíciles desde la perspectiva occidental.

En 1980, al-Hassan Bani Sadr fue elegido en las urnas el primer presidente de la República. El Wali al-Faqih y líder de la Revolución, el Imán Jomeini, desaprobó a Bani Sadr sin anunciar necesariamente su posición ni actuar de acuerdo con su opinión y voluntad. En aquella época, Irán sufría las primeras «sanciones» de Estados Unidos, seguidas de la guerra de Saddam Hussein impuesta a la República Islámica. Muchos países árabes y occidentales estaban del lado de Saddam y apoyaban la guerra contra Irán.

Durante los primeros años, Irán apenas pudo hacer frente a Saddam Hussein, que gozaba de un amplio apoyo internacional y regional. Saddam Hussein estaba armado y autorizado a utilizar armas químicas, las cuáles parece ser que no estaban prohibidas siempre que se utilizaran contra los iraníes, quienes rechazaban la hegemonía de Estados Unidos y lo llamaban el «Gran Satán». La falta de las armas más sencillas provocó esta sed de arsenal defensivo y ofensivo durante la guerra Irán-Irak: en el frente, los convoyes de jóvenes esperaban el martirio de sus compañeros para tomar sus armas. Los voluntarios ancianos caminaban por los campos de minas para dejar paso a los jóvenes que atacaban y avanzaban para recuperar el territorio ocupado por las fuerzas de Saddam. Prueba de ello son los aviones que el enviado estadounidense, Robert McFarlane, llevó a Irán a cambio de la liberación de los rehenes occidentales retenidos en Líbano en 1985, lo que se conoció en su momento como la «crisis de los rehenes» y el escándalo del «Irán Contra».

Irán construye su capacidad defensiva-offensiva

Irán no pudo mantenerse en pie durante muchos años, incluso después de la guerra, debido a las «sanciones» impuestas por Estados Unidos. Comenzó entonces la industrialización militar interna iraní, que empezó a través de tecnología importada de Rusia, China y Corea. A lo largo de los años, Irán ha desarrollado su capacidad misilística, tras reconocer que no puede competir y construir una fuerza aérea que represente un arma disuasoria adecuada capaz de enfrentarse a la fuerza aérea estadounidense o al poder aéreo de los aliados de Estados Unidos; Irán aceptó que la superioridad aérea es suya. No obstante, logró construir misiles tácticos y estratégicos y de este modo se ha sido capaz de defenderse a sí mismo y a sus aliados.

De hecho, la guerra de Israel contra el Líbano en 2006 demostró las lecciones que impuso uno de los aliados más fuertes de Irán, Hezbolá. los ataques con misiles superficie-superficie frente a los ataques aéreos israelíes crearon un equilibrio de disuasión. En 2011, los especialistas en guerra electrónica de Irán cortaron el enlace de comunicaciones y capturaron uno de los más avanzados drones espías CIARQ-170 Sentinel, y sus expertos lo clonaron. En 2018, Irán disparó sus misiles de crucero subsónicos de precisión de largo alcance y para todo tipo de clima desde Irán contra posiciones del ISIS en Siria e Irak. Además, durante la guerra siria, que duró una década, Irán y sus aliados utilizaron varios tipos nuevos de misiles (Burkan), cuya especificación dependía de la naturaleza de la batalla, el escenario y la topografía.

Los drones y los misiles se desarrollaron aún más para adaptarse a las necesidades del ejército iraní y de sus aliados, cada uno según la naturaleza de la geografía y el teatro de operaciones en el que opera. Así, los grupos palestinos de Gaza -que recibieron los conocimientos y la tecnología de misiles de Irán- pudieron imponer la disuasión a Israel durante sus últimas batallas. Israel se vio obligado a detener los bombardeos cuando los cohetes y los ataques de misiles palestinos alcanzaron objetivos en el norte y el sur de Israel, antes inimaginables, y siguen cayendo a diario por más que la fuerza aérea israelí destruya los objetivos militares y civiles de la ciudad.

En 2020, Irán atacó la base estadounidense más importante de Irak, Ayn al-Assad, con 16 misiles balísticos de precisión. El comandante del CENTCOM estadounidense, el general Kenneth Mackenzie, admitió que Irán podría haber causado más de un centenar de muertos si no hubiera informado con antelación de la hora de su ataque y de los objetivos que quería destruir. Mackenzie reveló la precisión de los misiles de precisión iraníes de 1.000 libras, los primeros de ese tipo desde la Segunda Guerra Mundial.
Irán, una potencia nuclear

Lo que ha aumentado e inclinado la balanza dramáticamente a favor de Irán es el proyecto nuclear. La tecnología atómica iraní ha alcanzado la fase de producción nacional tal que muchas centrifugadoras enriquecen uranio a un ritmo más rápido y la producción es de un 60% de uranio enriquecido. Así, todos los obstáculos nucleares se han derrumbado y se ha alcanzado el nivel de conocimientos, experiencia y pericia necesarios para fabricar material nuclear de grado militar. La única razón por la que Irán no está produciendo una bomba nuclear es la fatwa de prohibición (una opinión religiosa islámica vinculante, pronunciada por el más alto nivel teológico del clérigo musulmán) del guardián de los juristas (Wali al-Faqih) Sayyed Ali Jamenei. Sin embargo, una fatwa no es permanente y, de hecho, es algo flexible en función de la magnitud de los riesgos a los que se enfrenta la seguridad nacional o la existencia de Irán. La conclusión es sencilla: ya no es imposible, ni siquiera difícil, que Irán se arme y equipe con todo el poder militar necesario para defenderse. Está en condiciones de mostrar sus capacidades y persuadir a otros países de que deben evitar una guerra directa contra la República Islámica.
Los aliados de Irán son parte de su seguridad nacional

Además, Irán ha establecido relaciones con muchos pueblos y organizaciones de Oriente Medio. Irán logró establecer un sólido muro frente a sus enemigos al ganarse los corazones y las mentes de Hezbolá en el Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Palestina, las facciones y brigadas iraquíes dentro de los grupos de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en Siria, Afganistán y con los huzíes en Yemen. Los aliados de Irán son una parte integral de su seguridad nacional y, estos aliados también consideran a Irán como una fuente de apoyo fiel. Los enemigos de Irán no pueden ignorar todos los elementos de poder que representan los aliados, y deben tenerlos en cuenta antes de declarar la guerra a la República Islámica.

Irán ha llegado a una encrucijada con Occidente

La política de lograr un empoderamiento lento y gradual, que Irán ha seguido durante mucho tiempo, lo ha transformado de un país débil, aislado e impotente en la década de 1980 a una sólida potencia regional, e incluso internacional. La fuerza de Irán le permite expandirse más allá de Oriente Medio, surcando los mares para entregar ayuda a sus aliados en Venezuela, desafiando a Estados Unidos en su patio trasero. Sin duda ha establecido la disuasión, afectando a la voluntad y decisión de EE.UU. de reconocer el daño potencial que Irán puede infligir en caso de guerra. Las nuevas capacidades de Irán son suficientes para convencer a sus enemigos de que no actúen contra él en una guerra de Estado a Estado, sino que piensen en las «alternativas molestas» (sabotaje, asesinatos, ataques con drones, golpes de inteligencia, ciberguerra).

Irán logra al-Tamkeen (empoderamiento)

La importancia de las recientes elecciones presidenciales se pone de manifiesto en estas circunstancias, porque completan el ciclo de poder de Irán y logran el objetivo final que Irán se propuso, esto es, fortificar e unificar el frente interno. Durante las décadas transcurridas desde la revolución de 1979, el Wali al-Faqih se dio cuenta de que las generaciones jóvenes podían mirar a Occidente de forma positiva y con gran aceptación. La nueva generación es vulnerable porque no existía durante los días de la revolución y no ha vivido para memorizar el daño que Estados Unidos causó a Irán en el intento de doblegar su voluntad. Muchos jóvenes iraníes quieren imitar a Occidente con sus tentaciones y característias, siendo la más importante la «democracia», con la tecnología, las innovaciones y todas las herramientas que distinguen a un Oriente Medio que crece lentamente de un Occidente que se moderniza rápidamente.

Sin embargo, la joven generación no se da cuenta de que la democracia, tal y como se practica en Occidente, no proporciona ni poder ni protección. La libertad de expresión sí existe en los países occidentales, pero se le prohíbe a otros. Recientemente, Estados Unidos ha incautado treinta y seis páginas web iraníes y de sus aliados y de Sayyid Ali al-Sistani. Sin embargo, en la mayoría de los países europeos hay elecciones libres, e incluso el voto es obligatorio en algunos países como Bélgica.

Sin embargo, las leyes y el derecho internacional, que durante mucho tiempo se juzgó la columna vertebral del sistema constitucional occidental, se ha convertido ahora en una carga para los que toman las decisiones. Cuando el presidente de Estados Unidos (Donald Trump) amenaza a Alemania con impedir la entrada de sus importaciones si no acata su voluntad, está utilizando la ley de la selva del más poderoso contra el más débil, despreciando toda legalidad internacional.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emite 187 resoluciones a favor de Palestina, y en contra del régimen de apartheid israelí que impide el retorno de los indígenas, confisca sus bienes, rechaza los medios más simples de la humanidad y pone en riesgo su subsistencia a los ojos del mundo, las leyes internacionales se convierten en simple tinta sobre el papel. El ejemplo más sencillo es el acuerdo nuclear firmado por el presidente Obama, revocado por el presidente Trump. Europa se sintió irresistiblemente impotente e incapaz hacer valer su compromiso, ahora renegociado por el presidente Biden. El Occidente moderno también ve con impotencia su submisión al hegemón.

El presidente Donald Trump ha contribuido involuntariamente a reavivar el espíritu revolucionario en la sociedad iraní al asesinar, minutos después de llegar a Bagdad, al general de brigada Qassem Soleimani, un destacado jefe militar muy querido en Irán y en Oriente Medio.

Jamenei se dio cuenta de la magnitud de la amenaza contra el país y de la necesidad de llevar a Irán a otro nivel mucho más elevado de preparación para enfrentarse a las «sanciones», a la hegemonía de Estados Unidos y proteger la soberanía de Irán. En primer lugar, fortificó las fuerzas militares para entregar la gestión de estas fuerzas a los líderes militares leales a la línea del Imam Jomeini y a la doctrina del wilayat e-faqih. Esta medida ha permitido a Irán abrir las puertas de la política sin reestructuración ni necesidad de imponer su voluntad en la política interior. Los llamados reformistas tuvieron repetidas oportunidades tras al-Hassan Bani Sadr, Mir Hossein Mousavi, Hashemi Rafsanjani, Muhammad Khatami, Mahmoud Ahmadinejad y Hassan Rouhani.

El Wali al-Faqih nunca ha impuesto su voluntad al Presidente de la República, salvo lo permitido por la constitución iraní en materia de política exterior y seguridad nacional. Tiene la autoridad constitucional necesaria para tomar decisiones importantes y asumir sus responsabilidades. Antes de tomar posesión del cargo, el presidente iraní se compromete a respetar la Constitución. Desde la época del imán Jomeini, el líder de la revolución dejó el espacio necesario para que el presidente y sus ministros tomaran decisiones, siempre que no entraran en conflicto con la seguridad estratégica del estado, especialmente la relación con el exterior.

En cuanto a la política exterior, Wali al-Faqih tiene el poder supremo, y ningún presidente puede desafiar su decisión. El Imam Jomeini envió un mensaje directo al líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov; Sayyed Jomeini aceptó el fin de la guerra con Irak y pidió al gobierno que reformara la relación con Arabia Saudí tras el incidente de La Meca en el que murieron cientos de peregrinos iraníes. Tras el nombramiento de Sayyid Ali Jamenei como sucesor del Imam Jomeini, éste llevó al país hacia el desarrollo científico, nuclear y balístico. Aceptó negociar con Estados Unidos el levantamiento de las «sanciones» a cambio de no desarrollar armas nucleares.

Hoy, con el presidente Ibrahim Raisi (que ha dicho que no quiere reunirse con el presidente Biden) a la cabeza del poder ejecutivo, Irán ha completado su empoderamiento militar y político, con el presidente del Consejo de la Shura, Muhammad Qalibaf -compañero de Qassem Soleimani- en la cúspide de la pirámide legislativa. Ningún país puede declarar la guerra a Irán y salirse con la suya simplemente con daños menores. La disuasión se ha impuesto; el frente interno es más poderoso que nunca.

Irán ha llegado a una encrucijada con Occidente. Gracias a su total empoderamiento, la República Islámica ha podido plantear al mundo dos opciones. La principal consiste en levantar las «sanciones» y permitir que Irán recupere su fuerza económica, restablezca su capacidad de compra y financiera, desarrolle el proceso de autosuficiencia económica, aumente su preparación y con ella uno de sus aliados. En consecuencia, permite a Irán aumentar su poder financiero con cientos de miles de millones anuales para enriquecer sus arcas con ingresos petroleros y no petroleros. Además, Irán recuperará más de 110.000 millones de dólares congelados en varios países. Irán será más vital que nunca para sus aliados. La otra opción para Irán es alcanzar el ciclo completo de la energía nuclear y el uranio enriquecido, que ya se acerca al 90%, esto es, el nivel necesario para tener capacidad militar nuclear.

Ambas opciones son críticas y difíciles para Occidente. ¿Qué elegirá? Rechazar una de ellas sin duda pondrá en marcha la otra.