Migrantes a la deriva: del St. Louis (1939) al Aquarius (2018) La Jornada (México)/ Gracus redacción

Desde los "ojos de buey' del barco St Louis un matrimonio judío de emigrantes ve frustradas las esperanzas de asilo en tierra americana (Cuba y EEUU)...

De puerto en puerto y  durante diez días buscandoamparo  en el Mediterráneo, Malta, finalmente (esta vez),   dio luz verde para que el buque “Aquarius” atraque con sus 141 migrantes, tras acordar distribuirlos entre varios países europeos.

Originalmente usado para la prosprección  petrolera y luego como guardacostas, el buque Aquarius –construido en Alemania y que navega con bandera de Gibraltar está operado por la ONG SOS Mediterranee y Médicos sin Fronteras– continúa la azarosa tarea de recoger migrantes abandonados en el Mediterraneo luego de abnadonar las costas africanas  buscando  mejor suerte en una  Europa que carga su conciencia  más de un siglo  de colonialismo en el  Continente Negro..

Los rescatados (quienes se habían hecho a la mar en dos reducidas y precarias embarcaciones) proceden mayoritariamente de Somalia y Eritrea, aunque entre ellos también hay personas de Bangladesh, Camerún, Costa de Marfil, Nigeria y Senegal, países que abandonaron por la crítica situación económico-social imperante en amplias regiones de África.

Tras la negativa de Italia y la actual del gobierno de Pedro Sáchez ahora unido al grupo de líderes europeos partidarios de blindar sus encontró asilo en Malta, un puerto anteriormente vedado.

El dramático periplo del St. Louis en 1939

En mayo de 1939 otro barco alemán, llamado St. Louis, salió desde el puerto de Hamburgo rumbo a La Habana, Cuba, transportando a 937 pasajeros que huían del hitleriano Tercer Reich. La mayoría de ellos eran alemanes de origen judío, pero otros procedían de distintos países europeos. El presidente cubano de entonces Federico Laredo Bru, se apresuró a emitir un decreto que limitaba el desembarco de extranjeros refugiados a aquellos que pudieran pagar 500 dólares, lo que en la práctica constituía casi una prohibicion: sólo 28 pudieron bajar (seis porque tenían esa suma y los otros 22 porque tenían los documentos en regla). Los demás fueron obligados a continuar el viaje.

Con las luces de la Florida a la vista, el capitán del barco envió un telegrama al presidente estadunidense Franklin D. Roosevelt pidiéndole permiso para atracar. Pero la Casa Blanca y el Departamento de Estado de EU habían decidido no dejarlo entrar al país, y Roosevelt nunca contestó el telegrama. El resultado fue previsible: en junio de 1939 el buque regresó a Europa y sus pasajeros se repartieron en Holanda, Bélgica y Francia, tres países que no tardarían en ser invadidos por el nazismo que habían querido evitar.

Con independencia del desenlace que tenga este viaje del Aquarius, el mismo sirve para recordar que el racismo y la xenofobia, ocultos bajo argumentos económicos y sociales, siguen activos hoy más allá de cuál sea la patria de las víctimas.